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6 consejos para nuevos profesores

La profesión docente es una profesión apasionante y exigente. Como otras profesiones, la docencia es un proceso de aprendizaje permanente para adquirir nuevas habilidades y permitir que cada estudiante desarrolle su potencial. Los errores pedagógicos de los profesores jóvenes deben aceptarse en el aprendizaje. En pocas palabras, a diario, los profesores andan a tientas, experimentan, se ponen a prueba, buscan y… por supuesto se equivocan.

En este artículo, presentaremos los errores pedagógicos que cometen los nuevos profesores (incluso los antiguos):

1. Manejar la indisciplina en el aula.

La falta de disciplina es un fenómeno global que amenaza la calidad de la educación. Según una encuesta de la OCDE, los profesores dedican el 17% del tiempo de clase a gestionar la disciplina en el aula. Es decir, una media de 10 minutos perdidos en cada lección. Si se rinde en este terreno, no podrá controlar el comportamiento de los estudiantes. La mayoría de los profesores jóvenes se sienten menos capaces de restaurar el orden y administrar un aula.

Además, existe un vínculo entre el éxito académico y el clima disciplinado en el aula. Esto se debe a que los maestros deben dedicar más tiempo a establecer un entorno ordenado antes de comenzar a enseñar. Por otro lado, los maestros que logran instalar la disciplina, sus alumnos pueden concentrarse en clase. Y las clases donde reina el orden benefician a todos los estudiantes, pero más a los más vulnerables.

Posibles soluciones para ayudar a los profesores jóvenes a establecer la disciplina:

  • La personalidad del maestro tiene una influencia directa en el clima del aula y en el mantenimiento de la disciplina en el aula. Los conceptos clave de una relación positiva profesor-alumno: empatía, respeto, autenticidad, disponibilidad personal, confrontación e inmediatez.
  • Escucha activa: es una forma de ayudar a los estudiantes en crisis.
  • Autodisciplina: organiza a los estudiantes en grupos de trabajo. Posteriormente, cada grupo determina sus propias reglas de vida.

2. Evite ser amigo de sus estudiantes.

La relación entre un alumno y su profesor es la clave del éxito académico, especialmente entre los más jóvenes. El vínculo que crea el docente con sus alumnos tendrá una influencia decisiva en su trayectoria escolar. Por ejemplo, los sentimientos de confianza y eficacia del docente tienen un impacto positivo en el rendimiento académico de los jóvenes.

Sin embargo, el profesor debe tener una cierta distancia de sus alumnos. Puede tener una relación especial sin hablar de amistad. No podemos hablar de amistad, porque la diferencia de edad, experiencia y conocimientos hace que los profesores y sus alumnos pertenezcan a dos mundos distintos.

Además, no es mejor ser amigo de tus alumnos en las redes sociales. Simplemente, el maestro debe darse cuenta de que es un maestro, en cierto modo, a tiempo completo. Es ilógico escribir su vida personal en su muro de Facebook. Así que no debe hacer alarde de su vida privada, de lo contrario se arruinará.

3. Coopere con los padres de los estudiantes.

Una buena relación educativa con los padres de los alumnos ayuda a reducir significativamente las dificultades académicas. Es por eso que el maestro debe establecer medios de comunicación efectivos para que los padres sean socios en el éxito de sus hijos.

De hecho, la comunicación con los padres es una oportunidad para que los maestros y los padres se expresen sobre el progreso de los niños, sus dificultades, sus expectativas para encontrar soluciones comunes a los problemas encontrados. También es una forma de generar confianza, evitar malentendidos y demostrarles a los padres que el maestro realmente se preocupa por su hijo.

Además, el profesor debe intercambiar regularmente con los padres de alumnos en dificultades que van a la escuela con más frecuencia para las reuniones. Sería importante no dejar que las situaciones problemáticas se prolonguen y así evitar que las impresiones falsas se instalen en la mente de los padres.

4. Haga que los estudiantes trabajen.

Durante la lección, intente que sus alumnos trabajen. Es mejor poner al actor estudiante en su aprendizaje. El maestro es un facilitador de aprendizaje. Lanzas el concepto y los alumnos se ponen a trabajar. El profesor, por su parte, trabajó upstream para hacerlo posible definiendo las instrucciones, aportando las herramientas … Sin embargo, la idea es que los alumnos trabajen y sean activos, porque el aprendizaje no se hace como una simple transmisión de pensamiento. Sin la actividad del alumno, no hay aprendizaje.

– El profesor debe animar a sus alumnos a elegir parte de sus tareas en momentos concretos.

– Se debe enseñar a los estudiantes a corregirse a sí mismos. También están felices de hacerlo la mayor parte del tiempo.

– Establecer horarios y espacios en el aula donde los niños puedan sugerir actividades.

– Tener en cuenta las propuestas de los niños destacando sus verdaderos centros de interés para algunas de las situaciones de aprendizaje (sin aceptar nada).

– Estandarizar los rangos de actividad al menos una vez a la semana para las prácticas del proyecto.

5. Atrévete a pedir ayuda.

Los antiguos maestros conocen mejor la escuela y ciertamente tienen experiencia, ideas y consejos para compartir. Por lo tanto, no tema pedir ayuda a sus compañeros de su mismo nivel o de otros niveles.

Ante las dificultades de la enseñanza, con los problemas de la heterogeneidad de los alumnos, con las dificultades de involucrar a los alumnos, el docente debe desarrollar estrategias de adaptación. Por eso los nuevos profesores deben aceptar ayuda. La mayoría de los profesores jóvenes no empiezan con muchos recursos.

6. Deja de buscar la perfección.

En el campo de la educación, debemos aceptar que no todo es perfecto. Además, ser perfeccionista es un problema real que te impide compartir con otros profesores las dificultades con las que te encuentras de forma habitual. Tenemos que tener en cuenta que todos cometemos errores y eso es lo que les permite aprender y mejorar. Su trayectoria profesional no se puede reducir a éxitos. Es a través de fallas e imperfecciones que nos volvemos mejores.

Fuentes:

  • el estudio longitudinal del desarrollo de los niños en Quebec realizado por investigadores de la Universidad de Montreal y el Institut de la statistique du Québec.
  • El Programa de la OCDE para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA)
  • Revista Suiza de Educación Especializada, 2/2016